Hades, Minos, y Radamanthys, habían alcanzado ya la torre del lago. El albino y el rubio, descendieron al sótano, se encontraron con Aiacos, y Camus, quien se mantenía estoico, y callado, pese a que su cuerpo, estaba siendo violentado.
-Te ordenaron que vigilaras a Afrodita, y que ninguno de los tres saliera. - Radamanthys se paró con brazos cruzados, frente al sillón en donde el pelinegro se divertía, con su presa.
-Con los poderes, que nuestro señor Hades, nos ha otorgado, vigilarlos, es un juego muy aburrido. Además, si tú hubieras tenido que quedarte, habrías hecho lo mismo, con el pelilila, que tanto de te gusta atormentar – Dijo, sonriendo con cinismo, y levantándose, señaló al fondo de la habitación, donde Mu, se encontraba arrodillado, con sus manos atadas a un pilar.
Minos, quien escuchaba, y miraba en silencio, se sentó en el sillón, recostando sobre sus piernas, la cabeza de Camus, quien intentó incorporarse y alejarse, pero la mano del albino, lo empujó por el pecho, obligándolo a permanecer acostado.
-Espero, te hayas portado complaciente, mi hermoso pelirrojo.- Con su mano libre, Minos comenzó a jugar, con un mechón rojizo. Se inclinó, para besar unos fríos labios, que se apretaron para tratar de evitar, que fueran allanados, nuevamente.
Mientras tanto, en lo alto de la torre, Hades no se sorprendió al encontrar a Afrodita solo, en la habitación, era de esperarse, con Aiacos a cargo.
Afrodita, quien estaba acostado en su cama, se incorporó con dificultad, su mirada estaba llena de odio, hacia el hombre, que había acabado con todas sus esperanzas. Sabía lo que había ocurrido en el castillo, pues con su gran poder, el hechicero se lo había mostrado, en le reflejo del lago, en el momento justo en que estaba sucediendo.
-Lo ves Afrodita, tu dulce príncipe, no vale la pena, pues sólo se deja llevar por las apariencias.
-Usted, usó su magia para confundirlo- Dijo, poniéndose de pie, y apretando sus puños.
Hades, trató de tomarle la mano, pero el peliceleste se apartó.
- Tarde, o temprano, tendrás que olvidarte de Shura, y como soy muy paciente, esperaré a que aceptes casarte conmigo. Pues ya no tienes, otra alternativa. – El hechicero, esbozó una media sonrisa. – Ahora, solo por mi amor, o la muerte, podrás ser liberado.
El relinchar de varios caballos, se escuchó a los pies de la torre.
-Shura… – susurró Afrodita, y sus celestes ojos se iluminaron, con amor, y esperanza.
-¡Estoy harto de ese entrometido! – por primera vez, Hades perdió todo autocontrol, y con su poderosa magia, reventó la puerta de la habitación, saliendo iracundo. – ¡Verás morir, a tu amado príncipe!
Al pie de la torre, Shura, DM, Saga, Kanon y, Milo, habían desenfundado sus espadas, y preparado sus ballestas, dispuestos a enfrentarse a quien fuera.
A excepción de Mu, y Camus, todos los jóvenes bajo el hechizo de Hades, se reunieron en la entrada. Uno de ellos, con cabello verde, y piel muy blanca, quien a lo mucho tendría catorce años, se acercó a Shura.
-Nuestro príncipe está en una habitación, allá arriba, Hades está con él. – dijo señalando la ventana enrejada, en lo alto de la torre – Y Minos, Aiacos, y Radamanthys, están en el sótano, tienen a Camus, y a Mu, en su poder. ¡Ayúdenlos por favor!
-Un momento, ¿¡si ustedes son tantos, por que no se enfrentan a ellos?! – dijo DeathMask molesto.
-Debido al hechizo, no podemos hacerlo, tienen total control sobre nosotros. – el mismo jovencito, de cabello verde, respondió apenado.
Shura dio unos pasos al frente, y con toda su fuerza gritó.
-¡Hades, sa,l y enfréntate a mi, como los hombres!
-¿¡El príncipe Shura, quiere pelear contra MI!? – La poderosa voz, y risa de Hades se escucharon, desde lo más alto de la torre.
-¡Pelearé hasta la muerte, de ser necesario!
-¡Sube entonces, muchachito estúpido!
El pelioscuro se dispuso a subir las escaleras a toda prisa, pero una mano lo detuvo.
-Voy contigo.
-No, Angelo, esto es algo que debo hacer, yo sólo. Tú, y los demás, vayan a buscar a Minos, y sus escoltas. Liberen a los dos jóvenes, que tienen cautivos.
Ambos amigos se miraron, sabían que lo más probable, era que no volvieran a verse, se dieron un fuerte abrazo, despidiéndose en silencio, y tomaron direcciones opuestas.
Subiendo a gran velocidad, y con su ballesta cargada, Shura llegó hasta el último piso de la torre. Hades lo esperaba en la puerta, bloqueándola. Afrodita desesperado, buscaba una forma de salir.
-Aún tienes tiempo de regresar sobre tus pasos, príncipe. Y para demostrarte lo misericordioso que soy, tendrás una vida larga y feliz, si olvidas la estúpida idea, de llevarte a mi cisne.
-¡No saldré de aquí, hasta que Afrodita venga conmigo!
-Gran error, Shura.- El pelinegro cerró sus ojos, con calma extendió su brazo al frente para atacar al príncipe, pero antes que pudiera lanzar un conjuro, una flecha de punta platinada se ensartó en su mano, atravesándola. -¡Arghhh!
Debido al dolor y el asombro, Hades dio unos pasos tambaleantes a un costado, sujetándose la mano herida. Afrodita aprovechó el momento, para escapar de la habitación.
-¡Si das un paso más Afrodita, te arrepentirás!- Siseó Hades, lleno de odio.
-¡Rápido, debemos salir de aquí! – El peliceleste tomó de la mano a Shura, y lo jaló para correr escaleras abajo.
Su huida se vio frustrada, cuando el hechicero usando sus poderes a distancia, provocó que las enredaderas que se aferraban a la ruinosa construcción, derrumbaran parte de la pared sobre los escalones, obligándolos a regresar sobre sus pasos, y dirigirse al techo de la torre. Al llegar a la cima miraron a su alrededor, estaban atrapados.
-Perdóname Afrodita, todo esto es mi culpa. Si hubiera visto más allá de lo que tenía enfrente, Minos, no me habría engañado.
-Ahora ya no importa, Shura. Juraste amor a alguien más, y el hechizo ya no puede ser roto. – El peliceleste miraba al suelo.
-¡Pero yo juré, creyendo que eras tú!- Shura lo tomó por los hombros, desesperado.
Hades apareció en el último escalón, se había sacado la flecha de la mano, y esta sanaba rápidamente.
-Hacía siglos, que alguien había podido herirme. Te arrepentirás Shura. ¡Ahora te la verás conmigo príncipe, y con los poderes del infierno!
Un aura rojiza, envolvió el cuerpo del pelinegro, y una ráfaga de fuego surgió del suelo entre los amantes, obligándolos a separarse. Afrodita cayó hacia la izquierda y Shura a la derecha, perdiendo la ballesta, que cayó desde lo alto al lago; las flechas quedaron regadas, sobre las grises piedras del piso. El príncipe de ojos verdes, rápidamente se incorporó desenvainando su espada.
-¿Así es como quieres jugar? Está bien. - Arrodillándose, Hades, arrancó una espina del tallo de una de las enredaderas, transformándola sin esfuerzo alguno, en una espada de negra empuñadura, cuya afilada hoja plateada, tenía un brillo de color carmín.
Shura no esperó, arremetió contra el hechicero, confiando completamente en su habilidades, para manejar la espada. Los dos hombres se enfrascaron en un duro combate, la fuerza de Hades era sobrehumana, pero el príncipe, era más rápido en sus movimientos.
Afrodita miraba el combate desesperado, y frustrado; quería ayudar, pero sin un arma, no había forma en pudiera intervenir.
Al mismo tiempo, en el sótano, otras dos batallas se llevaban a cabo.
En cuanto percibió la presencia de Angelo, Milo, Saga y Kanon, Minos se escabulló entre la sombras, dejando a un inconciente Camus, en el sillón. Transformándose en cisne, huyó del lugar, pasando a un costado de los cuatro jóvenes, quienes no alcanzaron a reaccionar a tiempo, y detenerlo.
Milo divisó el cuerpo inerte del pelirrojo, y corriendo se acerco para prestarle ayuda. Descubrió que estaba con vida, con cuidado lo acomodó, en una posición digna; por último quitándose su capa azul marino, cubrió su desnudez, con esta. Le hizo una suave caricia, en una de sus mejillas, se quedó mirando su rostro unos instantes, sintiendo indignación, por lo que obviamente había sufrido.
-¡Vamos Milo, no es hora de admirar las bellezas de la naturaleza!–Angelo tiró de su brazo, para obligarlo a moverse.
Saliendo de sus cavilaciones, siguió a DM, por un pasillo que se habría a la izquierda. Llegaron hasta una puerta, la cual Angelo derribó de una patada, sorprendiendo al joven de cabellos negros, que se encontraba de pie, frente a lo que parecía una gran chimenea.
-¡Ríndete, o muere! – fueron las únicas palabras que Milo expresó, antes de cargar, empuñando su espada, contra el joven de ojos lilas, que lo miraba con una sonrisa burlona.
-¡No podrán acercarse a mi, nunca! – con un movimiento de su mano, creó una corriente de aire, que empujó a Milo, hacia atrás derribándolo, justo cuando iba a asestar el primer golpe, con su espada.
Al ver esto, DeathMask disparó un par de flechas con su ballesta, Aiacos esquivó la primera sin problemas, pero la segunda, alcanzó a rozarle el hombro derecho, lo que desató su furia.
-¡Los mataré a ambos! – dijo tomando su espada, que se encontraba recargada, a un costado de la chimenea.
Los gemelos, por su parte, habían elegido el pasillo de la derecha, topándose también con una puerta, la cual, Saga derribó de un fuerte empellón. En el fondo Radamanthys los esperaba en compañía de Mu, a quien tenía frente a él, sujetándolo por el pecho, y el rostro.
Kanon caminaba con paso firme, y sin temor alguno hacia el rubio. Su mano derecha se encontraba en la empuñadura de su espada. Saga caminaba al lado de su hermano, escuchando, y alerta.
-¡Eres un cobarde, te escudas detrás de alguien, que no puede defenderse!
Las palabras del menor de los gemelos, hicieron mella en el orgullo del rubio, quien aventó violentamente a Mu a un lado, provocando que se golpeara con una mesa. Sacó la espada, que traía colgando del cinturón, he hizo un movimiento para asestarle un golpe a Kanon, pero quien bloqueó el ataque con su arma, fue Saga. Los gemelos, como si se hubieran puesto de acuerdo, cruzaron sus caminos, y Kanon fue en ayuda del joven pelilla.
-¡No saldrán vivos de aquí!
El cisne negro habiendo escapado del sótano, voló hasta lo alto de la torre, con elegancia, se posó en un de las almenas de la torre, recuperando su forma humana. Por un tiempo, miró los inútiles esfuerzos de Shura por vencer a Hades, y lo que más gracia le hacia era el rostro desesperado del bello Afrodita.
-Termina con esto ya padre, antes de que se torne aburrido- dijo burlón.
-Aún no es tiempo, mi querido hijo, el principito realmente cree que me puede ganar, ¡ja! Veamos hasta donde llega.
El peliceleste detestaba con toda su alma, al entrometido albino; levantó del suelo una de las flechas, rompiendo el astil, y con la punta fuertemente agarrada, atacó a Minos, clavándola en uno de sus muslos.
-¡Ya me tienes harto, Minos!
-¡Maldito cisne blanco, crees que esta insignificancia me dañará!– se sacó la punta de flecha, y se levantó, sus amarillos ojos llenos de odio. Utilizando el mismo conjuro que su padre, hizo que las enredaderas se movieran, apresando la pierna izquierda de Shura, haciéndolo caer.
-¡Shura! – Afrodita intentó acercarse, pero el albino lo detuvo, agarrándolo con fuerza sobrehumana, por los brazos.
El pelioscuro nuevamente se ponía en pie, pero cuando intentó levantar su espada, Hades se paró justo en el centro, con el movimiento de palanca que se ejerció, la hoja metálica se partió a la mitad. El hechicero, colocó el filo de su espada sobre el pecho de Shura, a la altura del corazón. Un leve movimiento de su brazo, y el príncipe moriría sin remedio.
En las habitaciones del sótano, las cosas no pintaban mejor. Angelo, yacía en el frío suelo, herido por un par de sus mismas flechas, gracias a los poderes de Aiacos.
Milo con su espada había logrado hacerle frente, pero sus fuerzas, rápidamente cedían, ante el agotamiento.
En un ágil movimiento, el pelinegro estrelló a su oponente contra la pared, provocando con el golpe que soltara su espada.
-¡Mientras mi señor Hades siga con vida, no podrán ganar! – dijo al tiempo que colocaba su espada a la altura del cuello de Milo. Un movimiento en falso, y le rebanaría la garganta.
Saga por su parte, había sido seriamente lastimado con el último ataque del seguidor de Hades, con algunos huesos rotos, le era muy difícil moverse. Con su consentimiento, Mu había tomado su espada para ayudar a Kanon, quien se veía ampliamente superado, por los poderes sobrenaturales de Radamanthys.
- Sin el poder de Hades, éramos hombres cualquiera, pero al jurar servirle, nos dotó de gran fuerza, y enormes poderes.- El rubio sentía gran desprecio ante la debilidad, y los fallidos intentos de sus rivales, por derrotarlo- Somos prácticamente, inmortales.
De vuelta en la cima de la torre, Afrodita veía con horror la escena, su amado príncipe, no tenía posibilidades de escapar.
-¡Detente, no puedes matarlo!
-¿Entonces, deseas que viva?
-No lo mates, te lo suplico.
-¡Acábalo ya!- Minos, se dirigió al lado de su padre soltando a Afrodita, quien cayó de rodillas, mirando al hechicero a los ojos.
-Afrodita, le perdonaré la vida, si tú, por fin, aceptas mi proposición de matrimonio. Ese es el precio, por la vida de tu amado.
-¡No debes aceptar! – Con desesperanza, Shura volteó a ver al peliceleste – ¡Olvídate de mi, no te rindas ante este demonio! ¡No valgo tal sacrificio!
-Su vida está en tus manos, Afrodita. Tú decides. - Hades separó ligeramente la punta de la espada del pecho de Shura, para tomar impulso, y atravesarlo de una vez.
-¡No! ¡Espera!- Con pesadumbre, el hermoso príncipe cisne se levantó.
-¡No lo detengas, Afrodita! – Ahora el ojiverde imploraba. Lo ojos celestes de su amado lo miraban con tristeza
-Bueno, dame tu respuesta, príncipe cisne. Mi paciencia se acaba. ¿Me amarás por el resto de tu vida, o dejarás que Shura muera, como la rata que es?
-¡Afrodita, deja que me mate, mi vida no importa!
Bajando la cabeza, y cerrando su ojos, para no ver a su amado príncipe, Afrodita respondió.
-Yo, juró que me casaré contigo, y te entregaré mi amor, por el resto de mi vida.
-¡No, no Afrodita!
Tomando la espada por la hoja plateada, y usando todas sus fuerzas, el príncipe Shura, se atravesó el corazón con esta, en un acto final de amor. El sol comenzaba a asomarse en el horizonte.
Un enorme resplandor dorado surgió de la herida en el pecho de Shura, la espada se deshizo, en pequeños fragmentos. Hades, y Minos, se transformaron, en búho y cisne, tratando de huir, pero la intensa luz los alcanzó, envolviéndolos.
-¡Maldito, príncipe!
-¡Padre, ayúdame!
Sus cuerpos de aves, comenzaron a perder las plumas, y a recuperar su forma humana. En una explosión de energía, ambos se desintegraron, convirtiéndose, en un finísimo polvo dorado, que cayó sobre la ruinosa torre. Un poderoso temblor, sacudió la torre, y comenzó a desquebrajarse, por la parte alta.
Cuando se disponía a matar a Milo, Aiacos sintió el temblor bajo su pies, y que la fuerza de su cuerpo lo abandonaba. No tuvo tiempo de reaccionar, pues una flecha le atravesó la garganta, con su último aliento, se volvió a ver quien había sido su verdugo.
-Hades ha sido destruido. Y tú, eres mortal de nuevo.
Camus, envuelto en la capa azul de Milo, miraba con fría expresión como el pelinegro, caía al suelo, ya sin vida.
Mil,o se alejó de la pared, sorprendido, y desconfiado, ante la severa mirada del pelirrojo. Pero pronto se relajó, cuando este lo volteó a ver, con una sonrisa cálida, iluminando su rostro.
-Gracias, por… la capa, por preocuparte- Camus, acarició la mejilla de Milo, de la misma forma que él, lo había hecho antes.
-Ejem…¿Podrían venir, y ayudarme, a salir de aquí? ¡La torre, se derrumba!
Milo reaccionó, ante la voz de Angelo. Camus le ayudó a levantar a DM, cuidando de no lastimarlo más, salieron a toda prisa del lugar, tratando de poner sus vidas a salvo.
Radamanthys, no sufrió mejor suerte, al desaparecer los poderes que Hades le había otorgado, no fue rival, para las habilidades de Kanon, y Mu combinadas. En un certero movimiento, Kanon clavó su espada en el tórax, mientras Mu, hizo lo propio en el abdomen, hiriendo de muerte al rubio.
Mu, se arrodilló, respirando agitado, estaba visiblemente cansado tras la batalla. Un adolorido Kanon se acercó, ofreciéndole una mano, para ayudarlo a levantarse. El pelilila aceptó la ayuda, con una honesta y tímida sonrisa.
-Gracias, por el apoyo en el combate.
-Gracias a ti, por venir a rescatarme… digo, rescatarnos.
El peliazul, adoró el tono sonrosado, que adquirieron la mejillas de Mu. Ambos jóvenes, se quedaron mirando en silencio, sin saber que más decir.
-¡Kanon! No hemos terminado.
Haciendo un gran esfuerzo, Saga se había levantado, más no podía caminar. Su gemelo, y el pelilila, se acercaron corriendo, y llevándolo entre los dos, comenzaron la empresa, de salir con vida, de aquel lugar.
Los seis jóvenes lograron salir del sótano de la torre, antes de que esta se derrumbara por completo; heridos y fatigados llegaron a la orilla del lago.
Sorprendidos miraron a su alrededor, ya no era aquel desolado paraje, seco, y sin vida; por el contrario, hermosos árboles, y plantas con flores, recibían los dorados rayos de sol, en donde antes solo grises rocas y tierra se encontraban. Una alfombra de verde, y fino césped, se extendía hasta donde acababa la vista.
Un grupo de jóvenes, vestidos de blanco, caminaban hacia ellos, saliendo de entre los árboles. Shun, el jovencito de cabellos verdes, corrió hacia Mu, quien lo recibió con un abrazo. Ellos, también estaban a salvo.
Pero sus corazones, se sentían afligidos, pues no había rastro alguno de Shura, ni de Afrodita. En el lugar donde la antigua construcción se erigía, ahora había una pequeña colina, cubierta por rosales, con flores blancas, y rojas.
Entre los rosales, yacía un cuerpo frágil, envuelto en blancos ropajes, la tiara dorada de su cabeza, reflejaba la luz del astro rey. Con una profunda exhalación, el hermoso joven de celestes cabellos, abrió los ojos, y se incorporó con lentitud.
-Shura… - Susurró, recordando lo ocurrido. Miró a su alrededor, dando unos dubitativos pasos.
Hubo un movimiento del otro lado de la colina, algunas avecillas revolotearon asustadas, y Afrodita se quedó inmóvil. Alguien se acercaba.
-Tú…- Los azules ojos del joven, se llenaron de lagrimas.
-¡Estás, vivo!
-¡Shura!
-Afrodita…
El príncipe de ojos verdes, caminaba lentamente hacia su amado, llevaba su mano derecha en su pecho, justo donde la espada se había clavado. Pero no existía herida alguna, la única señal de que algo le había sucedido, era lo rasgado de su casaca.
Ambos jóvenes, se fundieron en un abrazo, y así permanecieron por un rato, temiendo que al soltar al ser amado, que tenían entre sus brazos, este desaparecería. Con sumo cuidado, Shura tomó entre sus manos la dorada tiara, que aún llevaba Afrodita, arrojándola lejos con todas sus fuerzas, para deshacerse, del último vestigio, de la maldad de Hades.
Los amigos de la pareja, subían por la ladera de la colina, habían visto las siluetas de ambos. Shun, fue el primero en llegar hasta ellos, y se abrazó fuertemente a su príncipe.
-¡Afrodita, somos libres! – el jovencito sonreía abiertamente- ¡Y adivina! ¡El agua del lago, ya no es salda, ya no son las lágrimas de tu madre y nuestro pueblo!
Ambos príncipes sonrieron, y el peliceleste, acarició con ternura la cabeza de Shun.
-¡Amigos míos, vamos a casa! – exclamó Shura con alegría.
Todos, se encaminaron al castillo enclavado, en las montañas de ese reino lejano.
Pasaron algunas semanas, antes de que nuevamente, el castillo se viera envuelto en un alboroto. Los plebeyos, se encontraban reunidos en el patio principal, esperando para poder ver, a la feliz pareja de recién casados.
Los heraldos, hicieron resonar sus trompetas, y los príncipes, se asomaron desde la terraza, en el primer nivel del castillo. Radiantes, y felices, saludaron a todos los allí reunidos.
-¡Larga vida, a los príncipes, Shura, y Afrodita!- Una expresión de júbilo, se elevó desde la muchedumbre.
La pareja se volvió, y caminó hacia la terraza, en donde los reyes, la corte, y los nobles, invitados de otras tierras, se encontraban.
Shura, saludó a su padre el rey, con una reverencia, el cual agradeció el gesto, con un leve movimiento de cabeza, y una sonrisa. A su madre, le arrojó, con su mano, un beso lleno de respeto, y amor; y ella, respondió con un cómplice guiño. Afrodita, saludó, a sus ahora suegros, con una profunda reverencia, colocando una rodilla en el suelo.
Los soberanos, se sentían felices. Su hijo, había regresado a salvo, y por fin, había encontrado al ser amado, que por muchos años, anheló.
Una lluvia de pétalos blancos, cubrió a los recién casados, sus amigos, quienes ahora los rodeaban, eran los responsables de esta.
Angelo, quien había sido el testigo de honor, recibía ayuda de su prometido Shion, para arrojar los pétalos, pues aún no se recuperaba del todo de sus heridas.
Camus, sostenía la canasta, de donde un emocionado Milo, tomaba los pétalos para arrojarlos. Hacía, sólo unos cuantos días, que ellos, también habían contraído matrimonio.
Kanon, y Mu, se casarían la siguiente semana. Ambos, felices por sus amigos, arrojaban muchos pétalos, y el peliazul, aprovechaba las distracciones de su prometido, para robarle pícaros besos, lo cual encendía las mejillas de Mu.
Y Saga, aún con un cabestrillo, sosteniendo su brazo izquierdo, tomaba de la mano a un orgulloso Shaka, que por fin, había aceptado el cortejo del mayor de los gemelos, y se comprometerían en breve. Este, arrojaba pétalos de flores de loto, traídas desde su lejano país.
-¡Te amo, Shura! - Dijo el ojiazul, con su más encantadora, y dulce sonrisa.
-¡Y, yo a ti!
Shura, tomó en sus brazos a su hermoso Afrodita, quien le rodeo el cuello, dándose el más sincero, apasionado, y amoroso beso.
La maldad de Hades von Rothbart, no fue rival para el sincero, y fuerte sentimiento que había surgido entre Shura y Afrodita. Pues no hay magia más poderosa, que el amor verdadero.
Bajo esta premisa, nuestros jóvenes amantes, vivieron felices, para siempre.
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